
Se ha dicho que la sinodalidad es una nota constitutiva de la Iglesia. Lo ha sido siempre, aunque en ocasiones no se haya explicitado suficientemente. Si por sinodalidad comprendemos el “caminar juntos”, entonces la Iglesia es constitutivamente sinodal, y como tal no debe solo serlo sino mostrarlo. En efecto, la Iglesia no es otra cosa que la comunidad de los discípulos de Jesús, reunidos por su Palabra para continuar su misión bajo la guía del Espíritu Santo. Esto exige la comunión no solo como una declaración de principios, sino como una vivencia desde lo cotidiano… Construir comunión, generar una amplia participación, escuchar a los demás, buscar juntos la voluntad de Dios y lo que es más conveniente en una situación exige una mentalidad abierta, actitudes de respeto y, a la vez, mucha oración.
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[1] http://www.publicacionesclaretianas.com/raul-biord-castillo